sábado, 5 de enero de 2019

Unas fiestas navideñas fuera de lo común



“¡¡¡Y llegará pronto el verano!!! Mas calorcito y mas luz para nuestra querida Lima y a las personas le gustará comer más helados"

Ese fue mi pensamiento durante la quincena de Diciembre.

Con anticipación César y yo nos inscribimos en 3 ferias navideñas para vender helados, galletas y bizcochos sin gluten… ahí verificaría que tan aceptada era mi marca de productos saludables y sin gluten.

Creo que aparte que tuve que dejar a mis hijos al cuidado de la niñera porque veríamos varias ferias, pues mi otra preocupación era que mis bizcochos crezcan y mis galletas de jengibre salieran perfectas. Se me vino al pensamiento, cuando años atrás me ponía a llorar mirando el horno o cuando sacaba un supuesto bizcocho que seguía sin levantar y con el aspecto de ser un globo desinflado, pues no me di por vencida y esta vez iba a vender un buen producto después de muchos intentos fallidos finalmente había salido algo rico.

La gente que compraba mis productos no creía que fuera sin gluten, les parecía una galleta normal y sobre los helados pues les gustó sentir la fruta fresca dentro del helado y que el azúcar y la stevia no sea tan invasiva hasta empalagar. Estaba perfecto.



Pues sí, tenía competencia de otras empresas de helados que se me acercaban de manera incognita a averiguar cómo me salía el helado vegano de coco con stevia; pues se quedaron con la interrogante; sin embargo, a un chico de la competencia le vendí unos helados veganos (sin saberlo). Luego, ellos mismos se presentaron conmigo, con mucho respeto presentándome sus helados en rollos, pero bueno, sus helados tenían gluten así que me abstuve en comprarles.


Reconozco que entre las personas que se acercaron a mi stand, hubo gente que me dijo: “A mí no me des nada sin gluten, yo quiero un monton de harina, azúcar, que se sienta”. Intenté convencerlos que mi producto era bueno y tenía buen sabor pero aún así no quisieron, y se fueron.

Sin embargo, hubieron varias personas que si les encantó y que no sólo eso; sino que terminando la feria me buscaron a la tienda o me siguieron en el Facebook e Instagram.

Esto fue un gran reto para mí, habían días que no quería ni levantarme de la cama por el agotamiento o porque mis ventas estuvieron bajas, reconozco que para algunas personas los productos sin gluten tienen mal sabor y textura, y quiero que vean que están muy equivocados. Otras personas me preguntaban:

-          Y si como tu producto sin gluten no engordaré? –me preguntaban

-          Le aseguro que su barriga no se hinchará y no sentirá pesadez -respondí

Llegada la navidad, sumamente agotada, me decidí hacer la cena navideña para la familia. Hasta ahora no me lo creo que me salió bastante rico todo. En años anteriores, no me salía mal, pero no estaba delicioso, lo reconozco; pero esta vez fue muy distinto. Mis padres que siempre tienen mucho cuidado en su alimentación, se animaron a comer el pavo al horno que hice y les gustó bastante, al igual que a mis suegros y a mi esposo. Yo quedé satisfecha, aunque por un descuido, casi termino dentro del horno durmiendo.




Pasé una muy buena navidad, mis hijos y mi esposo sanos y la cena bien hecha finalmente... incluyendo un rico panetón sin gluten que me compré, que mas puedo pedir!



Llegó el año nuevo, un poco más descansada y mirando en retrospectiva lo que fue el 2018 para mí:

-          Renuncié a principios del 2018 a mi trabajo (era trabajadora dependiente): fue algo osado, lo pensé mucho, la verdad es que cuando uno tiene un trabajo fijo ya se sabe que recibes una mensualidad, tienes seguro y el bienestar de la familia está asegurada. Pero ¿Qué pasa cuando no estas a gusto?¿cuando las metas cambian? O ¿cuando todos los días vez comer cerca de ti comida con gluten y se vive con el sobresalto de salir contaminada?. Lo pensé muy bien junto con mi esposo, y a través de un mensaje que me llegó de mi amiga Mary, una mujer emprendedora y empresaria, tomé la decisión y renuncié.

-          Con el dinero que recibí de mi renuncia, pagué deudas, compré artefactos y pensé en un negocio. Tenía en mente la heladería, pero necesitaba varios insumos sin gluten como preservantes, sin gluten y era difícil conseguir, hasta que aparecieron los helados en rollos, una propuesta caída del cielo.

-          César y yo le hemos puesto mucho esfuerzo para que funcione y estamos todavía empezando y todo comienzo es difícil. Con un trabajo independiente, y un día no se trabaja, pues simplemente no se gana nada.

-          Encontramos personas que nos apoyaron en el proyecto, unas se quedaron, otras nos fallaron y se fueron. Seguimos adelante.

-          Mis hijos se enfermaron con mas frecuencia en este invierno 2018, ahora ya están sanos junto con mi esposo que me dio la mano.

-          Me contaminé sin querer tres veces en este año 2018, espero que 2019, nunca me contamine.

-          Gracias infinitas por el aliento a Mary, Violeta, Jessica, Lizbeth, Danny, Francesca, Alessandra, Karlita, Milady, Lorena, mi esposo, mis padres y mis suegros.

-          Si bien cada día es una continua lucha, pues lo importante es seguir adelante perseguir el sueño y nunca darse por vencido.



FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO NUEVO Y FELIZ BAJADA DE REYES!!!





viernes, 16 de noviembre de 2018

A comer fruta para combatir la ansiedad


Como varios de ustedes sabrán, he iniciado un nuevo negocio, la venta de helados fritos sin gluten. Mi esposo y yo tuvimos la idea de arrancar con el negocio, y nos pareció genial.
A partir de que empezó el negocio, reconozco que descuidé mi alimentación, es decir, me saltaba las comidas, porque estaba realmente muy ocupada.

Recuerdo que uno de esos eventos a los que asistí con mis helados fue a una feria gastronómica, justamente se llevaba a cabo durante 1 semana y coincidía con las fiestas patrias peruanas. Estaba muy entusiasmada.

Sin embargo, algo que no tomé en cuenta es que era una feria gastronómica, en donde iba a haber muchas cosas deliciosas y por supuesto el gluten estaría presente a excepción de mi puesto de helados.

No pensé que sufriría, pero sí la sufrí. Llegó un momento, en que estaba tan ocupada en mi puesto de helados, era la hora de almuerzo y me dolía el estómago del hambre y me llegaba a mis fosas nasales el olor de la comida!!! Reconozco que me puse a llorar, y los trabajadores que me apoyaban no entendían que pasaba.

-Señora, que le pasa, tranquilícese, estamos vendiendo –me decían.
-¿Es que no entienden que me quiero comer la feria entera? Sólo tengo mi tapper de comida sin gluten en un lado, no tengo donde calentarla y me la tengo que comer helada –les respondí un tanto histérica.
-¿Qué puede tomar usted?, cálmese señora –me dijeron.
Uno de ellos corrió a comprarme una chicha morada, que la verdad, había averiguado que era apta, pues lo hacían de la misma coronta de maíz morado y a vista de todos. Ya con eso me tranquilicé, y procedí a almorzar mi comida helada, aunque sea mi comida era apta.
Pasado ese episodio, estuve en otra feria, que no era gastronómica, así que estuve más tranquila.
Me encontré con Mili, una gran persona, celiaca como yo y seguidora de Mamá Celiaca también. Entre la conversación que tuvimos, le comenté lo que me había pasado en la feria gastronómica, un poco las preocupaciones que tenía con mis hijos y el nuevo proyecto de los helados y me aconsejó.
-¿Por qué no llevaste fruta ese día del evento? –me dijo- te hubiera servido para calmar la ansiedad.
-Es que la verdad, estaba muy ocupada que con la justas lleve el almuerzo –le dije.
-Mira, siempre lleva fruta, ayuda, eso mismo hago yo, no te estreses –me respondió Mili.
-Uhmmm seguiré tu consejo –le respondí.
-Tú estás joven, no tienes porque tener ataques de ansiedad, relájate ¿o quieres tener fibromialgia? –me dijo.
A partir de ahí, pensé más en mí y me preocupé en comer fruta mas seguido.

Tomando en cuenta lo que Mili me dijo, en la primera reunión de padres de familia que hubo en el colegio de mis hijos, llevé fruta para comerla en el coffee break. Así que mientras veía el coffee break y a todos los padres de familia disfrutaban del café, jugos, infusiones, empanadas, triples y los demás bocaditos con gluten; me  ubiqué a una distancia moderada a comer mi fruta y la verdad la pasé muy bien, comiendo mi fruta despacio y disfrutando cada mordida que le daba, estaba muy rica y la verdad me sentí bien conmigo misma.

Con mucho cariño dedico este post a Mili, gracias por tus consejos.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Utilizando guantes sin gluten



Era fines de Julio de 2018, y estaba en la Feria de Invita Perú, vendiendo mis helados artesanales fritos sin gluten, sin lactosa y con opción para diabéticos "Mamacé Rolls".

Mi esposo César y yo habíamos tenido mucho cuidado en la implementación de nuestro stand, y el personal que trabajaba con nosotros entendía perfectamente lo que era la celiaquía y los cuidados que eso conllevaba en la preparación de los alimentos.

Entre las normas de la feria, mencionaba que la persona que preparaba los alimentos aparte del carne de sanidad, debería estar vestida correctamente y sobretodo usar guantes para la manipulación de alimentos.

Para mí, llegó la parte crítica del asunto. Hace poco me enteré que la mayoría de los guantes que tanto los médicos y personal de cocina utiliza tienen polvo en su interior, para que sea mas fácil ponerse y sacarse el guante. Y ese polvo en su interior... ¿adivinen que puede ser? harina de trigo o talco o algo que contenga gluten.

 Así que hasta en eso, un celiaco debe tener mas cuidado.

Cuando me enteré de eso, comprendí la razón de las veces que usé el dichoso guante con ese polvillo, mi piel quedaba muy maltratada y de paso me intoxicaba.

Si bien en algunos países han prohibido que haya este tipo de polvo en los guantes, aquí en Perú se venden en las farmacias.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) confirmó en un boletín la prohibición de los guantes con talco a raíz de los problemas de salud que estos pueden generar, como la inflamación de las vías respiratorias, reacciones de hipersensibilidad y alérgicas (incluida el asma), daño pulmonar, granuloma y adherencias en el peritoneo. Ver Enlace

Había escuchado que en un supermercado de Lima vendían guantes de plástico sin polvo, pero era difícil manipular los alimentos y se rompían fácilmente.

Así que César y yo, tuvimos la misión de encontrar estos guantes de nitrilo. Había leído en el fanpage de Celiacos Unidos en  Argentina que lo utilizaban y estaba libre de ese polvo.

Volviendo al tema de Invita Perú, la señorita que inspeccionaba cada stand de la feria, me preguntó si tenía guantes y le dije que los estaba buscando.

- Buenos días, ¿tiene guantes para manipular los alimentos? –me preguntó.
- Todavía no tengo, pero hoy voy a conseguir –le respondí, con la esperanza de encontrarlos ese día.
- Sabes que es una regla fundamental tener los guantes –me replicó la supervisora.
- Yo comprendo, pero la mayoría de guantes que encuentro tienen polvo en su interior que bien puede ser  talco o harina de trigo; así que como comprenderás ese tipo de guantes no puedo utilizarlo, no puedo intoxicar a un celiaco. Sólo dame tiempo para encontrarlos  –le respondí

La supervisora un tanto confundida por mi respuesta, trató de entenderme, mientras le explicaba que era la celiaquía y que mis productos eran libres de gluten y se retiró.

Sinceramente, prefería que el personal se lavara bien las manos y manipulara los alimentos antes de tener ese guante con talco.

Pasaron un par de horas, y llegó mi esposo con una caja que sería nuestra salvación: los guantes azules de nitrilo sin polvo, sin talco para manipular los alimentos.


César me contó que los pudo encontrar en el mercado central. Nunca los había visto en mi vida, y tuve el privilegio de ponérmelos. Saltaba de alegría con mi caja de guantes jajajaja, de paso separaré unos cuantos cuando vaya al dentista.

Y así fue que usando los guantes de nitrilo iniciamos la preparación de helados artesanales fritos sin gluten.



jueves, 9 de agosto de 2018

“Mi hija no quiere hacerse el descarte de celiaquía”



Un buen día, le propuse a César ir a “La Casa del Celiaco” a almorzar algo rico.
Llegamos, nos pusimos cómodos y ordenamos lo que queríamos comer. Mientras eso sucedía, a mi costado derecho estaba una señora que también había pedido algo para almorzar y las dos nos pusimos a conversar.

-¿Eres celiaca? –me preguntó
-Sí, lo soy –le respondí- ¿usted también es celiaca? –le pregunté
-No lo sé, pero creo que sí –me respondió- ¿desde hace cuantos años eres celiaca?
-Desde hace 7 años y medio –le respondí
-Estoy buscando un buen médico para que me haga el descarte de celiaquía, ¿es por análisis de sangre verdad? ¿a qué medico debo acudir? –me preguntó la señora.
-Es por análisis de sangre y biopsia de intestino –le respondí- a mí me hicieron los dos, y en los dos salí positiva.
-Ahhhh, bueno yo vengo a almorzar eventualmente aquí, me hace sentir bien –me comentó la señora -¿Cómo te diste cuenta que eras celiaca?
Aquí le hice un resumen de todos mis síntomas que comenzaron desde que eran muy pequeña.
-Eso mismo le pasa a mi hija –me comentó- ella tiene 30 años, es casada, pero cada vez que come algo con harina de trigo se descompone.
-¿Por qué no le dice que se haga el descartes de celiaquía? –lesugerí
-Ayyyy, tantas veces le he dicho, pero no me hace caso –me respondió- dicen que son cosas mías, que la deje tranquila, pero no puedo estar tranquila, es mi hija. Día a día veo como se enferma continuamente, y yo no puedo hacer nada.
Me quedé pensando en ver como ayudar a la señora y le sugerí que lea mi blog.
-Eso haré, pero mi hija tiene un carácter tan irritable, que las pocas veces que nos vemos discutimos, porque yo le hago una dieta especial sin gluten y ella en mi cara se pide una lasagna, tallarines y se come en mi cara –me respondió con tristeza.
En ese momento, traté de entender a las dos. La mamá que quiere curar a su hija, y la hija que no quiere recibir ayuda.
-¿Alguna vez la ha visto algún médico a su hija? –le pregunté.
-Sí, ha pasado por muchos médicos y ya se cansó, también le han tocado unos médicos muy malos –me respondió.
-Pero, debe recuperar su salud para que viva bien –le sugerí.
-Claro, eso mismo le digo, pero no hace caso. Mira que ella está muy subida de peso, y come un montón –me respondió.
-Mire, creo que ya hizo todo lo posible señora –le respondí- ya depende de ella, porque es adulta, sólo dígale que se atenga a las consecuencias.
-Sí, sé que le puede venir una enfermedad mas grave, ya no sé que hacer –me comentó- te cuento que mi hija no toma licor, pero hace años salió con unos amigos y se tomó un vaso de cerveza y tuvieron que llevarla de emergencia al hospital. Casi se muere.
-Puede ser celiaca, pero eso lo diagnostica el médico –le dije- le daré algunas referencias para que también usted se haga los exámenes.
-Gracias, me has ayudado –me dijo- ojalá y pueda convencer a mi hija, no tengo apoyo ni de mi yerno, ni de mi esposo.

Ambas nos despedimos con un fuerte abrazo. Estoy segura que la señora, pase lo que pase, no dejará sola a su hija. Me acordé de mi madre, que jamás me dejó sola ni antes, ni durante, ni después que me diagnosticaron celiaquía; y le agradezco infinitamente.
Hay varias personas que pasan lo mismo, que la amable señora de la historia, a quién mantendré su nombre en reserva. Como van las cosas, es muy probable que su hija reaccione cuando “toque fondo” en pocas palabras, que le pase algo muy grave y se lleve el susto de su vida, sólo espero que cuando eso suceda, no sea demasiado tarde.

Si tú me estás leyendo, y eres la hija de la señora, mira que comprendo a tu madre, trato de comprenderte a ti. Debes saber que eres una persona especial, tu madre te quiere por sobre todas las cosas, quiérete tú también. Es muy bonito disfrutar la vida con buena salud, sin salud, nada se puede lograr y hazte el descarte de celiaquía de inmediato. Si sale positivo, no estás sola, hay varios celiacos, incluyéndome, que te podemos ayudar. Un abrazo.

lunes, 25 de junio de 2018

Como afrontar el frío invernal y alentar a la Selección Peruana



Pues llegó el invierno y siento más frío que en todos los años anteriores.

El invierno se hizo presente en esta capital limeña mucho antes de lo esperado (como extraño el verano). Sentía tanto frío que hasta dolor de cabeza me daba, y solo se me calmaba a la hora de dormir, pero no podía estar durmiendo todo el día. Me puse calentadores, casacas, y nada, el frío me llegaba a los huesos. De un momento a otro, me convertí en una chocolatera compulsiva: no hay día que pase sin dejar de tomar un buen chocolate caliente, y hasta dos me tomo. Una amiga mía me recomendó tomar gelatina caliente, me dijo que la mantenía calientita en el invierno, así que eso haré, aunque me toca decidirme entre la gelatina caliente y el chocolate caliente… mejor me quedo con los dos.



A medida que el frío se intensifica, empiezo a sentir, otra vez, mi dolor en la rodilla. Pero siempre los dolores musculares, se acrecientan en invierno. Yo estoy acostumbrada a bañarme con agua hirviendo, aunque por este frío el agua está saliendo tibia. Tengo a la mano mi bolsa de hierbas medicinales, que la compré de un supermercado, la caliento un par de minutos  en el microondas y me la pongo en la rodilla más adolorida, y vaya que sí ayuda.



Con mucha alegría disfruté que el país de mis amores, pasara al Mundial de Rusia 2018. Hasta me puse a llorar en el momento de la clasificación, me compré mi gorrito y hasta mi casaca con los colores de la selección, me aprendí también los cánticos de la hinchada.  Lamentablemente, mi país  perdió dos partidos claves del mundial. Si bien le falta experiencia a los jugadores en los mundiales, estoy segura que los chicos aprenderán bastante y sobretodo ganaran experiencia. Tal vez lo que más me mantiene en calor es la emoción que hay en cada partido de fútbol, si bien no soy muy fanática, me siento contagiada del entusiasmo de la gente. Cuando ya no pasen partidos de la selección peruana, igual animaré al país que mas me simpatiza, y me mantendré en calorcito.

Pienso en que sería buena idea vacunarme contra la gripe, más por la salud de mi familia, ya que este invierno amenaza con ser muy friolento. Y mientras el frío avanza, contaré con la infaltable taza de chocolate caliente y mi bolsa de hierbas.

sábado, 9 de junio de 2018

La tarea con gluten del colegio de mi hijo


Mi hijo mayor va al nido del colegio en donde ha ingresado. Siempre lleva un cuaderno de control, donde la profesora me indica como le ha ido durante el día y si dejó alguna tarea para realizar en casa.

Justamente, la profesora de inglés envió una tarea a los niños indicando que debían hacer un experimento con PAN DE MOLDE por dos semanas y papá o mamá servirían de guía. Tan pronto leí la palabra “pan” simplemente me asusté. Lo primero que pensé es que mejor mi esposo César sea el que haga el experimento junto con mi hijo, pero luego desistí, yo era lo suficientemente capaz de hacer una tarea con mi hijo, así estuviera gluten… siempre y cuando no implique comerse el pan.

La tarea consistía en ver un video en inglés sobre el pan. En el video indicaba que había que separar dos tajadas, una de ella debía ser manipulada con la mano sucia “pan sucio” y el otro pan manipulado con la mano limpia “pan limpio”. Luego, cada tajada debía ponerse en una bolsa con cierre hermético y guardarlos por algunos días a ver qué sucede. Según el video, a los panes le salían hongos, sólo que al “pan sucio” tenía más hongos que el “pan limpio”. Esta tarea era con el fin de enseñarles a los niños, la importancia de la higiene.

Se me ocurrió que tal vez, podía utilizar un pan sin gluten para hacer el experimento, y así no tendría problemas… pero el pan sin gluten cuesta caro y me dolería desperdiciar dos tajaditas y verlos honguearse.  Noooo, mejor escojo el pan baratito de trigo, igual le saldrá hongos.

Procedí con el experimento, y me costó. Le dije a mi hijo lo que tenía que hacer y después de manipular ambas tajadas, las guardé en su bolsita y a esperar. Avisé a la familia que nadie tocara esas tajadas de pan embolsado.

Pasaron 7 días, y no salía ni un honguito.

-¿Tanto preservantes, le echaran a este pan? –pensé- ¿y la tarea?

Le comuniqué a la profesora, y me dijo que esperara una semana mas. Así que decidí al pan “sucio” ponerlo en la azotea de mi casa, que le cayera el sol, la lluvia y si le caía una caquita de pájaro mejor así y se hongea mas rápido, todo en la bolsa, claro.



Llegó el día 8, y me percaté que el pan “limpio” había desaparecido.

-¿Quién se comió el pan? –pregunté un tanto alarmada a mi esposo, la niñera y la señora que limpia la casa.

-¡Alguien se tragó el experimento! –exclamé- ahora mismo, debe tener un cólico, por tragón o tragona.

Todos me dijeron que ninguno se lo había comido.  Tuve que conseguir otra tajada de pan, para hacer el experimento de un pan con las manos limpias. Nuevamente manipular pan y volar a lavarme las manos.

Se cumplieron las dos semanas, y ni un honguito en ningún pan, ni siquiera el que dejé en la azotea. Se lo comuniqué otra vez a la profesora y me dijo que siguiera conservando el pan, y que solamente mi hijito llenara un formato sobre la textura que siente del pan y lo que huele.

Así que, cogiendo valor, le acerque la bolsita con el pan “limpio” que ya tenía una semana y mi hijito lo tocó, lo olió y lo sintió bien. Bajé de la azotea el otro pan “sucio” mi hijito cogió la bolsita, la olió y me dijo.

-Mamá, este pan huele feo uff –respondió mi hijo haciendo gesto de asco- huélelo tú

Lamentablemente, sin querer acerqué mi cara a la bolsa y salí espantada a lavarme la cara y la boca con jabón y pasta dental. No sentí el olor porque estaba a cierta distancia, pero la bolsa chocó mi cara y no me atrevía a acercarme mas.

Finalmente, terminó su tarea y pudo entregar su trabajo. Sigo contemplando los panes, a ver cuando se animan los hongos a salir. Tal vez, para la próxima consigo un par de tajadas de pan sin gluten (pequeños nomás) que no duran mucho, para terminar el experimento mas rápido.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Me contaminé en una fiesta infantil



Llegó el fin de semana, y teníamos una fiesta infantil. Una amiga mía, me había invitado al cumpleaños 2, de su hijita.

Cuando vamos a una fiesta, usualmente vamos César y yo junto a mis dos hijos. Justamente, para esa fiesta, César no podía, tenía que ir a hacer un trabajo. Así que yo, decidida me animé a ir sola con mis dos hijos.

- No hay problema, puedo con mis dos hijitos –pensé- ¿que podría salir mal?, pues nada.

Sinceramente, yo me sentía animada; y pensar que cuando era soltera me animaban las fiestas de cumpleaños de mis amigos, ahora estaba contenta en asistir a una fiesta infantil con mis hijos. Me compré hace unos días, un maquillaje sin gluten y decidí usarlo, para que mis hijos me vean otra cara y no la cara de "mostra" de siempre. Nos alistamos, y nos fuimos a la fiesta. César nos llevaría y nos dejaría en el lugar de la fiesta.



Cuando finalmente llegamos, me corrió un frío helado por el cuerpo, como si tuviera un mal presentimiento. Sinceramente, no quería que César se fuera y me dejara sola con nuestros dos hijos, pero nuevamente me mentalicé ¿qué podría salir mal?.

Habían muchos invitados, encontré una silla libre para mí y mis dos pequeños, quienes se habían quedado dormidos en el carro y recién se habían despertado… y el mayor de mis hijos no estaba de muy buen humor.

Salió la animadora a animar la fiesta infantil, y fue el momento para que pasaran las primeras bandejas de sándwiches con pollo. No imaginé que mis hijos cogerían los sándwiches, usualmente no les provoca, ¡agarraron los sanguchitos de pollo!. Tenía la esperanza, que se lo terminaran inmediatamente, hasta que el mayor de mis hijos, solo le dio una mordida y me dijo:

-Toma el pan mamá, ya no quiero –me dijo mi hijito
-Déjalo en un lado, mi amor –le respondí
- Nooo, tómalo –me respondió con cierto enfado

Bueno pues... cogí el pan que me dio mi hijo, lo puse a un lado y fui volando al baño a lavarme las manos; no sin antes dejar al mas pequeñin de la fiesta al cuidado de un invitado. Tan pronto entré a baño, escuché el llanto de mi hijo, pensó que lo había abandonado. Regresé rápido, lo cargué, y se calmó. Definitivamente, ya no podía regresar al baño.

Pasaron las palomitas de maíz, pensé que podía comerlas, y cogi tres bolsias, una para cada uno. Todos estábamos comiendo canchita, cuando se me vino un pensamiento aterrador a la cabeza:

-¿Y si la persona que hizo las palomitas, también hizo los sanguchitos? –pensé- ¿tendrán gluten?
Y mientras pensaba eso, mi hijito menor, metió su manito con migajitas de pan en mi bolsa de palomitas. Ya era tarde, me había contaminado.

Llegaron mas personas, y todavía no habían cantado el cumpleaños y no tenía muchas ganas de quedarme. No sabía si en cualquier momento me descompondría o tal vez era mi imaginación y no había digerido gluten. Mi hijo menor, seguía comiendo lentamente el sanguchito que cogió al principio de toda la historia, me la devolvió también… quería regresar al baño a lavarme las manos y no podía. 
Y cantaron el cumpleaños, me apuré para pedir un taxi de regreso y no encontraba. No había señal en mi celular, y debía salir al patio de la casa. Y mientras pensaba eso, mi hijo menor de acercó con entusiasmo a la mesa de bocaditos para coger los alfajores, mientras se bajaba los adornitos que había a su paso. Lo cargué inmediatamente, y se me ocurrió darle un alfajor a mi pequeño. Justo se le ocurrió ir al baño a mi hijo mayor, y lo acompañe con el menor en brazos. Esperando en la puerta del baño, me dí cuenta que mi hijo menor se estaba comiendo el papel del alfajor!!! Ya me puse histérica y metí el dedo en su boquita retirando el alfajor y buscando el papel,  que ya se lo había tragado. Cargué a mi hijito, quien recién se dio cuenta que mamá se había pintado y decidió coger con mu manito de alfajor los labios de su mamá.

-No hijito, no me toques la bocaaaa –levanté un poco la voz, un tanto histérica.

Algunas invitadas me miraban raro, habrán pensado:

“Madre desnaturalizada, no quiere que su hijito le toque”

Finalmente, entró la señal a mi celular y pedí un taxi. Con el menor en uno de los brazos, cogí en mi otra mano al mayor y me puse la mochila, con las sorpresitas y globos encima. Parecía un “ekeko” y subimos al taxi.

Llegué a casa, agotada y nerviosa, corrí a lavarme las manos y decirle a César que nunca mas iría a una fiesta infantil sola. Después de eso, mis hijos se durmieron y yo también.

“Mi fiesta” continuó al día siguiente, cuando me levanté con migraña, dolor de articulaciones y dolor de estómago. Tomé mucho líquido, mis pastillas gluten assist a ver si me recuperaba en algo, y un panadol para la migraña. Sentada en el water (donde se dice que es un buen sitio para meditar) me puse a pensar si hubo alguna manera de evitar todo eso. Sinceramente, me sentí frustada, yo siempre me cuido y algo hice mal ayer, algo salió de mis manos y me encontraba tirada en la cama con mucho cólico. Le pedí ayuda a César, para que sólo me acompañara, mientras todo pasara. Él me acompañó un momento, me dio fuerzas, y me dijo claramente que a veces esas cosas pasan, que lo superaré.

-Pudiste utilizar un pañito húmedo para limpiarte la mano –me dijo mi esposo.
-Eso no sirve –le respondí- solo agua y jabón quitan el gluten de las manos.

Me tomó tres días la recuperación y aunque siento como si me hubieran dado algunos golpes en el estomago, y llena de gases, ya puedo ir a atender a mis hijos.